miércoles, marzo 05, 2008

LXXXVI Aniversario

Fue allá en el lejano Marzo 5 pero de 1922 cuando por primera vez se proyectó la cinta que marcaría el inicio de las películas de vampiros en el género del terror: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Nosferatu, una Sinfonía del Horror) dirigida por F. W. Murnau.

El cartel original para promocionar la película en 1922.


Cuenta la historia que Murnau quería realizar una adaptación de la historia escrita por Bram Stoker pero no logró hacerse de los derechos, así que en el afán de llevar a cabo lo que tenía en mente hizo su propia adaptación y cambió el nombre de Drácula por el de Nosferatu (palabra rumana que significa no vivo). La historia como tal se asemeja demasiado a la original Drácula, es por esto que la viuda de Stocker demandó la película por el parecido del guión a la historia relatada por la mente y pluma de su esposo ya fallecido. El chiste es que ganó la vieja metiche.

Algunas copias de la película habían sido ya distribuidas a diferentes países y fue imposible acatar las ordenes de el tribunal que solicitó destruir todas las copias generadas de la original.

Afortunadamente, algunas copias lograron sobrevivir a la destrucción pero no a la edición o cortes de algunos de sus dueños. No obstante, en la actualidad, podemos encontrar la versión completa en formato digital gracias a la recolección de todas las cintas.

Además de ser la primer película que trata el tema de los vampiros, y de ser una joya del expresionismo alemán, hay un mito que ronda sobre la cinta.

La sombra del Nosferatu deslizandose por las escaleras es todo un clásico de la cinta y el cine.


Y es que su protagonita, Max Schreck (que significa susto en alemán) era un completo desconocido hasta que se dio a conocer la cinta. La leyenda dice que Schreck era un vampiro real y que Murnau le pagó para morder a la protagonista en la escena final de la película.


He aquí la escena de que da pie a la leyenda.


Nadie podrá descifrar el asunto, y la verdad, tampoco creo que sea relevante por que a la fecha no creo que Bela Lugosi o Germán Robles o el mismísimo Tom Cruise en Entrevista con el vampiro sean verdaderos chupa sangre. Lo realmente importante es que es una obra de arte como tal, en mucho, a la fotografía de Fritz Arno Wagner. Que nos muestran paisajes decadentes y tristes.

En fin, un aplauso a la cinta precursora de las películas de los personajes que más me apasionan, tanto en literatura como en cine: los vampiros.

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